Carnaval del Distrito Nacional

Carnaval del Distrito Nacional

domingo, 25 de agosto de 2019

EL CARNAVAL DOMINICANO: UNIVERSALIDAD Y SINGULARIDAD

EL CARNAVAL DOMINICANO: UNIVERSALIDAD Y
SINGULARIDAD
Por José G. Guerrero1
El carnaval dominicano no ha sido analizado en un contexto simultáneo sincrónico y diacrónico, universal y singular. No obstante, esta división metodológica es de fundamental importancia para su análisis, organización y promoción. En este sentido, presentamos dos trabajos que tratan la cuestión de manera introductoria. Primero, una conferencia titulada El carnaval en el mundo: lo que tienen en común todos los carnavales, dictada el 15 de febrero del 1997 en el Ier. Ciclo de Conferencias sobre el Carnaval Dominicano. Desgraciadamente, los trabajos presentados en esa ocasión permanecen inéditos, a pesar de la escasa bibliografía sobre el tema. Segundo, una entrevista revisada para estos fines titulada El carnaval: sus orígenes y su dimensión en la cual respondo algunas cuestiones sobre el tema al antropólogo Pedro Canó para la Revista Caña Brava, número 49, el 25 de febrero del 2000. En ambos trabajos se reiteran dos puntos básicos:
1- El carnaval dominicano debe ser organizado y promovido dentro de una estrategia de desarrollo que integre las experiencias carnavalescas nacionales
e internacionales, y
2- Es necesario profundizar las investigaciones sobre el carnaval y coordinar acciones entre todos los actores sociales, trabajadores de la cultura, técnicos e investigadores de cara a una mayor participación social y un proyecto de identidad nacional.
“CARNAVAL: época de fiestas, bullicios que precede a la cuaresma, los tres días preceden al Miércoles de Ceniza (día en que comienza un período de ayuno para los católicos); italiano carnevale, del italiano antiguo carnelevare, del latín medieval carnelevamen, carnaval (idea implícita: quitar la carne).
La palabra del latín medieval se refería originalmente al Miércoles de Cenizas, primer día de la cuaresma”
“CARNESTOLENDA: del latín medieval carnes tollendas, quitar la carne, las que habrán de ser quitadas”.
Gómez de Silva, Guido: Breve diccionario etimológico de la lengua española.
“¿Verdad, papá Dios, que no te pones bravo si me visto de diablo el día de Halloween?”
Carta de un niño a Dios.
El carnaval en el mundo: lo que tienen en común todos los carnavales
El carnaval es quizás la festividad más universal y antigua del mundo Occidental. Cuando la República Dominicana celebra su carnaval en la capital y las provincias con sus singularidades, participa sin saberlo de un viejo inconsciente colectivo que, una vez despierto en la Hélade dionisíaca, recorre y sobrepasa las grandes civilizaciones grecorromanas, el nacimiento y muerte de Cristo, la Edad Media (donde toma la forma de carnevale), las luces del Renacimiento, el Descubrimiento de América, la esclavitud de Africa, el colonialismo europeo, las guerras de independencia, el desarrollo del capitalismo manufacturero, el ascenso y caída del socialismo europeo, la represión de las dictaduras, el prurito hipócrita del falso moralista, la crítica de los censores eternos, la alienación cultural y la actual pérdida de los valores patrios.
No es casual que nuestro carnaval reciba cada vez más la atención y el apoyo del sector turístico, las empresas privadas y el pueblo en general que lo perciben como un evento cultural y un producto comercial muy atractivo para la promoción del turismo. El reconocimiento al carnaval dominicano no es una excepción, pues lo mismo sucede con los carnavales de Europa, Brasil, Nueva Orleans, Trinidad, Canarias, Guadalupe y Haití, para mencionar sólo algunos de los conocidos.
Para una mejor comprensión de nuestro carnaval es necesario conocer sus manifestaciones singulares y darle un seguimiento permanente a su organización, ponderar la dinámica y organización de otros carnavales del mundo, así como establecer lo que tienen en común, a pesar de sus diferencias. En este sentido, mi exposición se limitará, en primer lugar, a una reflexión comparativa del carnaval dominicano y otros carnavales, especialmente, el de Río de Janeiro. En segundo lugar, explicaremos la estructura común a todos los carnavales del mundo, es decir, lo que de universal tienen los carnavales, incluyendo el dominicano. En tercer lugar, la relación entre lo sagrado y lo profano en el carnaval.
En casi todas partes del mundo existe una celebración semejante al carnaval en la cual las personas hacen algo totalmente diferente al día-día. Colocarse máscaras y vestirse de diablo o animal durante una época especial es una práctica lúdica registrada por antropólogos en muchas culturas del mundo.
El carnaval en la República Dominicana se origina con la colonización española. Según Carlos Estaban Deive (1997), la referencia documental más antigua para las Carnestolendas -el carnaval de la colonia es de 1578 y la misma referencia a su existencia para 1553. Sin embargo, es posible que existiese desde los inicios ovandinos, ya que para 1507 el padre Las Casas observa un carnaval en España y lo describe en su Historia Apologética. A su vez, las carnestolendas se remontan en España hacia 1258, una fecha incluso anterior a la Bula In Transitarus de Urbano 1V, que legitima indirectamente al carnaval como una celebración previa a la cuaresma cristiana. Posteriormente cada país le incorpora y desarrolla su propia idiosincrasia.
Carnaval en Brasil y República Dominicana
Las modalidades carnavalescas de Santo Domingo, carrozas y comparsas, son registradas en casi todos los carnavales del mundo. Al igual que aquí, en Brasil, a principios de siglo, las carrozas eran expresión de los carnavales de los ricos y, las comparsas, de los pobres. La carroza aparece en las fiestas romanas con el nombre de currus navalis o carro naval, pero la misma sería tomada de los griegos, la civilización marinera y teatral.
En Río de Janeiro, el carnaval se celebra en tres espacios diferentes: 1) en las calles y barrios toma la forma de bloco (bloque), uno de los cuales es el famoso bloque de las pirañas (travestis) de Ipanema;
2) en los clubes nocturnos, por la noche, se realiza una celebración muy costosa y elitista del carnaval;
3) en el sambódromo, situado en la pequeña calle Marqués de Sapucaí, las escuelas de samba desfilan en carros alegóricos (algunos llegan a tener hasta tres pisos de altura), alas o grupos de personas que forman parte de una alegoría y centenares de músicos.
En el Estado de Bahía, en el nordeste del Brasil, se celebra un carnaval totalmente diferente al del Río de Janeiro. También encontramos bloques o grupos de comparsas como los Hijos de Gandhi, medio millón de personas vestidos a la usanza del Mahatma, o también los afoxés, grupos carnavalescos con música y vestuario de tradición africana. Pero, la mayor diversión del carnaval bahiano se realiza alrededor de una trío eléctrico, una carroza al estilo dominicano con un pequeño combo con guitarras y percusión (al principio eran tres músicos, de ahí su nombre). Una brasileña que observaba en Santo Domingo los combos dominicanos tocando en carrozas, dijo: “¡Oh! Um trio elétrico da Bahía”.
En Pernambuco, otro Estado del noroeste brasileño, en las ciudades de Recife y Olinda, el carnaval se realiza en plena calle, con una música llamada frevo que se baila, sombrilla en mano, apartando las
piernas hacia los lados y recogiéndolas hacia dentro. Las singularidades de este carnaval se relacionan con la herencia cultural de los holandeses que ocuparon la región en el siglo XVII.
Veamos algunas experiencias útiles del carnaval de Río de Janeiro, el mayor espectáculo popular delmundo carnavalesco, guardando las distancias culturales y recordando que no se trata de copiar, sino
de aprender. En Río de Janeiro, el carnaval está organizado en “escuelas de Samba”. En cada barrio marginado o popular llamado favela existe un amplio salón donde los miembros de la escuela ensayan el samba-enredo (música de samba con una letra ritmada a manera de décima, compuesta por un compositor de la escuela). En cada escuela existen artistas y carnavalescos que enseñan a sus miembros a tocar los instrumentos, diseñar las vestimentas, confeccionar las fantasías, bailar correctamente samba no pé (el hombre no puede levantar los pies ni mover las caderas; para las mujeres es diferente).
También enseñan cuál es el significado de las diferentes partes del montaje carnavalesco.
En cuanto a la música, cada escuela tiene la suya, y la dirige un cantante y dos acompañantes o puxadores (el primero canta un estribillo y los otros responden). El conjunto está compuesto por unos
900 músicos, de los cuales unos 400 tocan la batería o sección rítmica (redoblantes, tamborinos, cuícas, reco-recos, etc.). Le acompañan el mestre sala y la porta bandeira, una mujer que porta la bandera dela escuela y un hombre que la corteja con bailes circulares. Salvo un error involuntario, esta pareja debe recibir la máxima puntuación, pues de lo contrario es casi seguro que la escuela perderá. Luego, le siguen la comisión de frente que es un grupo de personas famosas o no, relacionadas con las escuelas
(no bailan, apenas caminan o marchan). Después, viene el ala de las bahianas, obligatoria en todas las escuelas, un grupo de mujeres gordas, de edad avanzada, con vestidos-cretonas que bailan en forma circular. Finalmente, desfilan los carros alegóricos, alegorías y alas de las cinco mil personas de la escuela o agregados.
En Río de Janeiro desfilan unas 20 escuelas de samba durantes los tres días previos al Miércoles de Ceniza. Aquí hay una experiencia que aprender. En Santo Domingo, un día de desfile nacional agrupa
más de 200 carrozas, lo que implica repetición y cansancio de los participantes, por lo que se imponen selecciones y evaluaciones más rigurosas.
En Brasil, salvo las excepciones del nordeste, el carnaval termina el Miércoles de Ceniza, un díacargado de saudade o tristeza porque se anuncia el fin de la alegría. Una famosa canción de Vinicius de
Moraes y Tom Jobim dice: “Tristeza no tiene fin, felicidad sí”. En este día es muy común la frase: “Nos vemos en el próximo carnaval”.
La evaluación del desfile y la selección de la escuela ganadora se realiza bajo un estricto sigilo y discreción. La votación se realiza en un amplio estadio y cada escuela lleva sus simpatizantes. No se
sabe cómo ni por qué, pero las personas intuyen la ganadora. De todos modos, los resultados siempre son muy apretados y nunca falta la crítica y el disenso. El jurado es muy estricto con la evaluación: el tiempo (30 minutos más en el desfile es una puntuación descalificadora); las alegorías, los temas, la batería (no puede tocar fuera del compás), las alas no pueden disgregarse y, finalmente, los fanáticos tienen que pararse a aplaudir y bailar en las graderías. Realmente, es muy impresionante cómo se organizan más de cinco mil personas de manera tan coherente y armoniosa. Luego que la escuela ganadora es escogida, ésta desfila nuevamente el domingo próximo y, las demás, se retiran a sus respectivos barrios para organizarse para el próximo carnaval.
La organización del carnaval carioca es extraordinaria. La iniciativa la tienen los pobladores de los barrios marginados o favelas. Pero, a la escuela se integran (previo pago) artistas conocidos, artesanos,costureros, sastres, escultores, etc. Finalmente, el Estado y la Riotur (Oficina de Turismo) realizan toda la promoción interna y externa. Al cobrar los derechos de transmisión por la TV, entradas a los desfiles y clubes, pago del vestuario, el carnaval carioca permite a los organizadores sufragar los gastosy vivir de esa actividad considerada una prestigiosa profesión. Este es el secreto de la suntuosidad y creatividad. A pesar de que muchos brasileños critican la comercialización del carnaval, el mismo serealiza en planos diversos que no impiden la participación gratuita del pueblo. De todas maneras, hay que pensar en una mínima organización comercial del carnaval, sin que pierda su autenticidad, pues es la única forma de lograr su sustentabilidad y evitar el clientelismo de las instituciones del Estado. En Santo Domingo se podría realizar propuesta para que el carnaval resulte una actividad lúdica comercialmente provechosa para la población que la organiza con el objetivo de abaratar los costos, garantizar la participación de todos, incluyendo los turistas que nos visitan. Nuestra organización no tiene que ser en forma de escuelas de samba, aunque sí podemos rescatar el aspecto didáctico y popular de la escuela como un centro de aprendizaje y desarrollo cultural permanentes. Otro aspecto muy desarrollado en el carnaval brasileño -en el cual el nuestro es muy deficiente- es la música. En Brasil, cada agrupación carnavalesca tiene su música. En Río de Janeiro, cada escuela de samba compone su samba-enredo, una modalidad exclusiva de samba para el carnaval. En Santo Domingo se escoge un tema del carnaval porque obviamente las agrupaciones no crean músicas particulares. Además, nuestras
carrozas y comparsas suelen estar acompañadas de música grabada, de merengue o salsa, algunas tocadas por combos conocidos. Si el carnaval es hacer algo diferente o invertido del día-día o introducir una ruptura con la cotidianidad, y si el merengue y la salsa son músicas cotidianas, obviamente, que no pueden ser la música del carnaval. No estoy diciendo, entiéndase claramente, que se excluyan, sino que se toquen de manera diferente. Además, la letra debe hacer referencia al tema de la comparsa. He aquí un aspecto en el cual nuestros músicos, compositores y arreglistas pueden hacer grandes contribuciones.
En muchos carnavales del mundo americano se utilizan las llamadas marchas, originalmente tocadas por las bandas municipales de origen francés. Durante el carnaval, en sentido estricto no se baila; las actividades son brincar, jugar, marchar (sin el estilo militar). Un tema interpretado magistralmente en forma de merengue por Joseíto Mateo llamada Jardinera es una famosa marcha o rancho del carnaval carioca de 1939:
“¡Óh! Jardinera, Por que estás tao triste?
“Oh! Jardinera, por qué estás tan
Mas o que foi que te aconteceu
triste?, qué fue lo que te
Foi a camelia que caiu do galho
pasó; fue la camelia que se
Deu dois suspiros, e depois morreu”
rompió dio dos suspiros, y
se murió”
El contenido de las marchas suele ser banal y de doble sentido: Mamá yo quiero, mamá yo quiero ,
mamá yo quiero mamar...
Así, el samba-enredo épico-lírico se complementa con la marcha irreverente.
Otro aspecto relevante del carnaval carioca que podría enriquecer el nuestro es el tipo de participación y apoyo de las autoridades. El carnaval es un ritual de la farsa, la comedia, pero realizado muy en serio.
La autoridad pública entrega el gobierno de la ciudad al rey Momo, la figura principal del carnaval, y su corte de bufones. Durante tres días mínimos, se realizarán acciones totalmente diferentes a la cotidianidad. ¿Quién es o debe ser el rey del carnaval? En Brasil, el rey Momo es casi siempre una persona muy obesa que come, bebe y ríe con profusión y, sobre todo, baila horas enteras. Mientras más
gordo, mejor, para que contraste con su corte de bellísimas y atrevidas damas. He aquí la complementaridad entre la bella y la bestia. El carnaval se inicia con la coronación del rey Momo en plaza pública y la entrega de las llaves de la ciudad. Termina cuando éste las devuelve al síndico o gobernador. En nuestro país, especialmente durante el desfile del Malecón, el rey del carnaval es una figura irrelevante para el carnaval y el mismo se limita a subir y bajar de una carroza. Debemos recordar que se trata de la figura principal y debe ser significativo para la organización del carnaval. Para mí, el mejor candidato para el rey del carnaval dominicano sería Dagoberto Tejeda. Tampoco es correcta la selección del personaje Califé como rey, porque éste tiene su papel singular. Fradique Lizardo decía que el rey Momo era exclusivo del carnaval brasileño. En realidad, aparece en el primero de los carnavales del mundo que eran las fiestas dionisíacas de la Grecia antigua.
Otro aspecto muy poco trabajado en el carnaval de Santo Domingo es la organización del desfile, comparsas y carrozas en la Avenida George Washington. La interferencia del público y de las autoridades, el comportamiento desnaturalizador de las comparsas ante los medios de comunicación, el predominio visual de las carrozas, el número ilimitado de comparsas y figuras que se repiten, la ausencia del tiempo como variable fundamental del desfile, la ausencia de una música carnavalesca relacionada con las comparsas, los altoparlantes y bocinas de algunas casetas, el uso inadecuado de la publicidad, la visibilidad de los jurados, la ausencia de criterios sistemáticos y explícitos en la evaluación, son aspectos que deben ser corregidos en nuestro desfile nacional. Algo parecido sucede en las provincias del país.
La estructura universal del carnaval
Desde el punto de vista metodológico, es preciso hablar de carnaval y carnavales, apuntando a lo que tienen en común y sus diferencias. Una discusión muy pertinente es si se puede hablar de carnaval
antes de su versión cristiana original del medievo. Nuestra posición al respecto no es unívoca. Si bien es con la cristiandad que el carnaval toma su forma básica de la cual derivan los carnavales actuales del mundo, no es posible negar la existencia de aspectos carnavalesco anteriores al siglo XIII d. C. en las sociedades grecorromanas.
De todas maneras, lo que es común a todos los carnavales es una dialéctica de la inversión, inversión presente en su propio nombre. Originalmente, la palabra carnaval proviene del latín medieval carnelevamen (quitar, botar o eliminar la carne) y se refería al Miércoles de Ceniza o al primer día dela Cuaresma (Gómez de Silva 1989). Actualmente, el carnaval se refiere a lo contrario: es una fiesta de la carne. Gracias a la dialéctica de la inversión, durante el carnaval el hombre común deviene en el hombre excepcional y viceversa. Otra palabra que originalmente denota un significado inverso al actual es persona. En Roma, tomado de los griegos, cuando un actor representaba una obra teatral se colocaba una máscara llamada persona. El precedente grecorromano de la Nochebuena cristiana son las Saturnalias romanas durante las cuales el amo comía en la misma mesa que el esclavo. Durante la
Última Cena, Jesús lavó los pies a sus discípulos. Simbólicamente, el Diablo verdadero se asusta al ver su propia imagen en un Diablo Cojuelo dominicano o un Diablito panameño y se refugia en el interior
de una persona normal sin careta. De ahí, los vejigazos del Diablo carnavalesco al público. Se trata de una forma de ayuda y penitencia para sacarle el Diablo verdadero escondido en su interior.
El carnaval recrea lugares cotidianos con un sentido nuevo, donde el tiempo, los problemas y las jerarquías sociales, económicas y políticas quedan en suspenso. Según Roberto Da Matta (1979), el
carnaval recrea el reino de la libertad y lo esencialmente humano suspendido entre la rutina automática y la fiesta que reconstruye el mundo. Es en estos espacios que renace el poder del sistema y de la
sociedad, pero también donde se puede forjar la ilusión, esperanza de ver el mundo cambiando de cabeza para abajo.
El carnaval es un hecho del mundo de los símbolos, de la conciencia o mentalidad social, que sirve para legitimar, marcar y definir las posiciones, las identidades y la acción de los actores sociales.
Durante el carnaval, el individuo se convierte en una persona. El mundo cotidiano está para el individuo como el mundo excepcional del carnaval está para la persona. El acto de individualización es equivalente en nuestra sociedad a una renuncia del mundo. El individuo es una unidad social que pertenece al mundo anónimo de las masas y sometido a las leyes impersonales del trabajo y administración burocrática. Durante el carnaval, el individuo común, sin relación alguna con el mundo dominante, se convierte en una persona que, sin necesitar nombres y apellidos verdaderos, puede disfrutar de un ambiente personalizado a través del personaje que interpreta o su simple participación en el mismo.
El carnaval se presenta como un evento que, dentro de una sociedad históricamente determinada y con un tiempo histórico central, es capaz de expresar valores, relaciones, grupos sociales e ideologías
que pretenden estar al lado o encima de ese tiempo histórico. El tiempo del carnaval es muy similar al de las sociedades estudiadas por los antropólogos llamadas primitivas, donde la historia no es registrada como una sucesión temporal de eventos, sino en la forma de mitos, leyendas, sagas y genealogía, formas que se sitúan por encima o al margen del mundo real. En esas sociedades, el todo predomina sobre las partes y el trabajo cotidiano no es separado del tiempo necesario de realizarlo, ni mucho menos como un acto individual o divorciado del hombre que lo realiza. Tanto en el carnaval como en las sociedades primitivas, la relación fundamental no es entre los individuos, sino entre los hombres y mujeres de una comunidad. Es por eso que los rituales carnavalescos pueden servir, hasta en una sociedad histórica, jerarquizada y diferenciada en su interior, para promover la identidad social y construir su carácter social.
Los rituales como el carnaval constituyen una región privilegiada para penetrar en el meollo de la cultura de una sociedad, en su ideología dominante y dominada y en su sistema de valores, al tiempo de permitir tomar consciencia de los planos más profundos de la convivencia social que la propia sociedad no reconoce claramente, pero que desea colocarlos como un ideal eterno.
Durante el carnaval, un conjunto de factores social e históricamente dados es combinado y recombinado para realizar lo que percibimos como carnaval antiguo o moderno, rural o urbano, de los ricos o de los pobres. Lo que todos tienen en común es que son eventos dominados por la idea de que acontecen en un tiempo especial: un tiempo fuera del tiempo y del espacio cotidiano, marcado por acciones invertidas, personajes, gestos y ropas característicamente diferentes a la cotidianidad.
Un complejo mítico-ritual como el carnaval, se constituye en un dominio privilegiado para manifestar aquello que se desea perenne o eterno en una sociedad. También surge como un área crítica -bien llama Dagoberto Tejada a nuestro Califé como la conciencia social de nuestro carnaval-, que penetra en la ideología y valores de una formación dada. El carnaval dominicano, como los del mundo, constituye un momento en el que se concretiza un conjunto de gestos, actitudes y relaciones que son vividas y percibidas como nuestra identidad. El carnaval está por tanto junto a aquellas instituciones que nos permiten ser y sentir nuestra propia continuidad como grupo o nación. A diferencia de lo que acontece en un juego de pelota cuando un equipo dominicano juega en el exter ior, el carnaval tiene la ventaja de que, para sentirnos dominicanos triunfadores, no es necesario un desenlace o resultado. Esto significa que el carnaval posee una función de una mayor integración que nuestro deporte nacional.
El carnaval permite transformar lo singular en universal, lo local en nacional, lo individual en colectivo, y viceversa. Es en este juego de transformaciones que una sociedad toma conciencia de su identidad.
Como bien explica Roberto Da Matta (1979), el carnaval es un rito sin dueño, un festival con múltiples planos donde gana importancia quien está más cerca de algunos de sus centros; sea de la música, del canto, de la danza, de los desfiles, de las autoridades. Allí se encuentran tanto los marginales como los importantes del mundo social, pero ambos ocupan sus lugares, disfrazados e igualados, al
común de los mortales.
Nuestras sociedades modernas e individualistas son marcadas por ritos conmemorativos -día de la patria, carnaval, día de la Virgen, etc.- colocados por encima de las diferencias internas. El carnaval
tiene la función en una sociedad compleja de ser un ritual nacional que ayuda a construir, vivenciar y percibir el universo social como una totalidad, frecuentemente fragmentada por contradicciones internas.
Esto es lo que explica cómo y por qué el pueblo dominicano y el mundo desde los griegos pueden darle tanta importancia a un momento de libertad y creación como es el carnaval cuando sabemos que ese momento es de hecho una mentira, una ilusión pasajera en escasos días al año.
Cuando la sociedad convierte un hecho ordinario en extraordinario y enfoca un aspecto de la realidad, consigue cambiar su significado dándole otro nuevo. La realidad se transforma en ideal en pocos días
al año lo que permite soportar y hasta modificar idealmente la cruda realidad. Una vez que el carnaval termina con la vuelta a casa, las personas vuelven a ser individuos, aunque con esperanzas renovadas.
En el carnaval somos, pensamos y vivimos el mundo cotidiano de una manera diferente mediante la dramatización de nuestra realidad social. Es como si las contradicciones y fragmentaciones sociales
no importaran en esos días y se prefiera dejar de lado nuestro sistema de vida jerarquizado y de escasa movilidad social, ensayando vivir, aunque efímeramente, en libertad y fraternidad. Es por esto que para poder comprender lo que sucede en tres o varios días del carnaval es necesario conocer lo que sucede en los trescientos sesenta y tantos días restantes del año.
Lo sagrado y los profano en el carnaval: una relación universal y polémica
Todos los carnavales en el mundo se realizan con gran euforia, colorido y hasta desenfreno social lo que motiva discusiones sobre su ética y función social.
En Brasil, donde se celebra el más amplio y licencioso carnaval a nivel mundial, la Iglesia comúnmente se enfrenta a los carnavales exigiendo a las autoridades públicas la prohibición del carnaval más allá del Miércoles de Ceniza, fecha en que se inicia la cuaresma, uno de los días más sagrado del cristianismo. En Santo Domingo, varias instituciones eclesiásticas y personalidades se han manifestado a favor de la separación del carnaval y las fechas patrias (27 de Febrero y 16 de Agosto), moción que no es compartida por antropólogos y carnavalescos que consideran que dicha separación sería un anacronismo histórico, pues ésta es la forma en que el pueblo dominicano celebra las festividades patrióticas desde antaño.
En verdad, esta discusión no es reciente sino más bien la actualización de una vieja confrontación entre lo sagrado y lo profano. Por un lado, el carnaval se define en oposición a lo sagrado (eje sincrónico) y, por el otro, lo profano tiende a desbordar lo sagrado (eje diacrónico).
Históricamente, el carnaval habría sido legitimado oficialmente a partir de 1264 cuando el papa Urbano 1V en la Bula In Transitarus permite que las fiestas religiosas sean celebradas popularmente.
Dicha bula manda a celebrar autos sacramentales, piezas de teatro popular medieval con temas bíblicos y el triunfo del bien sobre el mal. Es bueno recordar que los Momises o Guloyas de San Pedro de Macorís interpretan estos temas con ciertas reminiscencias antiguas. La lucha entre toros y civiles de Montecristi podría relacionarse con este tipo de enfrentamiento simbólico religioso.
Durante la época medieval europea y la colonial americana, la Iglesia Católica permitió manifestaciones populares carnavalescas, inclusive, en fiestas religiosas tan solemnes como Corpus Christi. Ahora bien, la Iglesia no inventa el carnaval, apenas le confiere un corte o dimensión religiosa a una celebración pagana practicada por los egipcios, griegos, galos y especialmente romanos. Lo que era una fiesta relacionada con la fertilidad, el drama, el culto al macho cabrío, la cosecha del vino, el cambio de las estaciones, el baile de máscaras y la inversión de roles sociales, la Iglesia la reestructuró con el objetivo de que el pueblo celebre con disfraces alegóricos el triunfo del bien sobre el mal, al tiempo que integraba la celebración pagana de “llevar o botar la carne” antes del inicio de la Cuaresma,
un tiempo especial de ayuno, recogimiento y preparación espiritual. Pero, la relación entre lo sagrado y lo profano se mantenía -y todavía se mantiene- en una tensión latente, permanente. Con el desarrollo
material y racionalización de la sociedad, lo profano cava vez más desborda el contenido sagrado del carnaval.
El carnaval, las fechas patrias y las procesiones religiosas son los tres modos básico a través de los cuales ritualizamos nuestra identidad en el ámbito nacional. En verdad, se trata de una relación universal de las sociedades occidentales modernas que se traduce en la relación entre cultura (carnaval), política (desfiles) y religión (procesiones). Son rituales de expresión de la estructura de una sociedad, sea dominicana, brasileña u otra cualquiera. En estos rituales se observan los mecanismos fundamentales de la dramatización del mundo o de la sociedad. Los tres están relacionados, pero pueden ser analizados de manera particular. Es a través de ellos que la sociedad dominicana desdobla ante sí misma su imagen o construye aspectos fundamentales de su identidad nacional. En otras palabras, la identidad se expresa de manera privilegiada en los desfiles conmemorativos, las procesiones y carnavales, en los cuales la sociedad en su conjunto se orienta en torno al evento centralizador de la ocasión, parando o cambiando sus sentidos de la cotidianidad. He aquí la impronta de la sincronía en la historia de una sociedad, válida también para la nuestra.
Obviamente, sin estos rituales la sociedad corre el riesgo de diluirse o destruirse en sus diferencias o inequidades internas. He aquí el marco conceptual de la polémica sobre la separación del carnaval y
las fechas patrias. Estos tres rituales forman un triángulo de la identidad nacional, y algunos sectores entienden que dos de los vértices están superpuestos cuando se celebran el carnaval y la independencia en la misma fecha. En cada evento se establece una autoridad: en el desfile, la autoridad es el Estado; en la procesión es la Iglesia y en el carnaval el pueblo, la sociedad, la cultura. Los tres tienen diferentes movimientos: el desfile es una marcha, la procesión es un caminar y el carnaval es un brincar, jugar, una postura gestual corporal.
Ante esta situación, se impone la celebración de un evento nacional en el cual se discutan las ventajas y limitaciones de cada posición en torno a dejar como está o cambiar la fecha del carnaval. El tema debe ser tratado dentro de un clima de consenso y no de imposición. De cualquier manera, la voz y el voto del pueblo y sus carnavalescos no deben faltar en la toma de decisión. De todos modos, es preciso apoyar el carnaval dominicano en todas sus manifestaciones. Por más increíble que parezca, las alegorías brasileñas, el diablo cojuelo dominicano, los diablicos panameños o los vejigantes de Ponce son tan antiguos y universales como la cruz cristiana y el misterio de la salvación.
Antes de terminar, es necesario ponderar algunas características del carnaval dominicano que se convierten en ventajas únicas para el disfrute popular. En primer lugar, nuestro carnaval es una fiesta muy barata y accesible al pueblo. En Río de Janeiro, cada escuela de samba gasta aproximadamente 15 millones de pesos al salir a la avenida; la entrada más barata al Sambódromo cuesta más de 30 dólares y, los camarotes, lugares exclusivos de ricos y artistas famosos, sobrepasan los 10 mil dólares por noche. En nuestro país, aunque recientemente se han introducido vistosos y caros trajes de diablo, en regiones como Cotuí y San Cristóbal, el pueblo confecciona trajes simples con materiales baratos (papel u hojas de plátanos) sin perder su belleza y realismo. Además, se registran figuras permanentes como Se me muere Rebeca, Califé y otras que indican cierta continuidad histórica con las representaciones teatrales de antaño. Existen variantes regionales -La Vega, Santiago, la Capital, Cotuí, Salcedo, Elías Piña- que sirven para las identidades locales, al tiempo que festividades mágico-religiosas con aspectos carnavalizados se realizan a lo largo del año entero, algunas inclusive durante el período de Semana Santa, como son las Cachúas de Cabral y los Gagás de los bateyes. Los fines de semana del mes de febrero y en las fechas patrias de la Independencia (27 de Febrero) y la Restauración (16 de Agosto) se celebran festividades carnavalescas. También, nuestro carnaval integra diversas manifestaciones de grupos étnicos y nacionalidades extranjeras que han emigrado al país como son los cocolos de la Antillas inglesas y Turkilandia, los haitianos y cubanos. Finalmente, hasta el momento, nuestro carnaval se realiza en un marco de convivencia pacífica y fiesta popular sin desencadenar en tragedias o reyertas lamentables. El carnaval es la única fiesta en la que el pueblo es el protagonista.

El carnaval: sus orígenes y dimensiones
(Entrevista con Pedro Canó)
El carnaval es sobre todo inversión, dice José Guerrero, investigador antropólogo que ha dedicado un tiempo precioso al estudio de la expresión popular dominicana y a identificar y conocer los recorridos
que han hecho los elementos que conforman nuestras tradiciones para que hoy contemos con un complejo sistema de representación que nos son propias.
El Lic. Guerrero nos habla sobre los orígenes griegos de una festividad casi universal, de las contradicciones en la lectura de los símbolos y de cómo se desentraña el misterio de los significados.
El carnaval, dice, es la fiesta más universal y antigua del mundo occidental: “He buscado alguna otra festividad, pero todo lo que he hallado es propio del mundo cristiano, mientras que el Carnaval se
remonta al menos al siglo VII antes de Cristo. Hay otras celebraciones que se remontan muy atrás, pero que no han logrado la vigencia de que goza el Carnaval; por ejemplo, el día de Año Nuevo es una celebración importante, pero es un sólo día y no tiene la complejidad del carnaval. El nuevo año es un cambio de tiempo, pero la persona no cambia; en el Carnaval la persona cambia interior y exteriormente.
El carnaval nos ha llegado alterado, plantea, pero lo que se cambia es la relación entre lo sagrado y lo profano. En el carnaval opera esta relación determinante entre lo sagrado y lo profano. En un momento
ambos términos se acercan y en otro, se alejan. Esto constituye el centro de la dinámica histórica del carnaval. El carnaval es una estructura con elementos definidos, que se modifican con el tiempo y de acuerdo a la cultura, pero que se mantiene esencialmente en todos los lugares. La estructura del carnaval es la inversión. Ahora bien, ¿qué cambia el carnaval? Muchas cosas, pero sobre todo cambia el tiempo-espacio. El tiempo ordinario se convierte en extraordinario, pero predominando el tiempo profano. Todas las sociedades, incluyendo las no occidentales, dividen su tiempo en ejes que se corresponden con tiempo ordinario y extraordinario. El carnaval pondera el tiempo profano. El carnaval se estructura a partir de la inversión en todos los ámbitos: la inversión del tiempo, de los roles, de los valores. El carnaval que no invierte, no es carnaval.
Hay que aclarar que nuestros carnavales, los carnavales latinoamericanos, los caribeños, beben de diversas fuentes; tienen elementos primordialemente europeos, pero también elementos propios de las culturas donde se desarrollan, eso es innegable. Por otro lado, sólo se puede hablar de carnaval en sociedades de tipo occidental, sociedades divididas en clases sociales, sociedades con Estado. Pienso, aunque hay que confirmarlo, que no hay carnaval propiamente dicho en sociedades sin división de clases, pues el carnaval no hace sino unir lo que está desunido. En sociedades en que no se da la división entre clases sociales o no hay una drástica división entre el hombre y la naturaleza, no hay necesidad del carnaval. No hay una necesidad social para que este exista. No se me ocurre pensar que entre los taínos había un carnaval.
Entiendo, en definitiva, que el carnaval es un rito que toma valores de la realidad cotidiana y los convierte en extraordinarios y, en segundo lugar, une, por espacio de dos o tres días, segmentos sociales que el resto del año permanecen separados. Esas son las grandes virtudes y la especificidad del carnaval.
En Grecia, el carnaval se nutre de lo sagrado y de lo profano. Tenemos que hacer referencia a estos pares de opuestos para entender el carnaval. El carnaval es una estructura viva que se va modificando; principal y originalmente, el carnaval es un culto de fertilidad, después se le van agregando otros cultos, tales como los cultos a los ancestros, los muertos, los diablos, seres del otro mundo, que guardan relación, si bien más velada, con cultos de fertilidad y, para explicarlo debo decir que la Semana Santa es un rito de fertilidad, pues Jesucristo no muere simplemente, sino que muere para nacer de nuevo. Si se tratara de un ritual de ancestros implicaría la muerte de Cristo, pero para los cristianos Cristo está vivo, porque resucitó; por lo tanto, se trata de un clásico rito de fertilidad. De ahí es que el Gagá, otro ritual de fertilidad, se asocia a la Semana Santa.
El carnaval tiene el mismo elemento relacionado con la fertilidad, un ritual que aparece en Grecia como ceremonia dedicada al dios Dionisos. Dionisio o Baco, cuando se latiniza, era el dios del vino, de
la agricultura y de la locura y de la sexualidad. En Grecia y Roma estos cuatro elementos están íntimamente relacionados.
Hay otra fuente de origen del carnaval que se relaciona con el origen del teatro, y que no se debe perder de vista en cuanto se refiere a la relación entre lo sagrado y lo profano. Se trata de los misterios de Eleusis. Los misterios son ritos de iniciación que, al humanizarse, se dan a conocer a través del teatro. Este proceso lo realizó Esquilo, no sin críticas por parte de fieles de los misterios. Creo que la teatralidad del carnaval se debe a esos ritos, los cuales son popularizados a través del teatro. Hay una relación directa entre ellos. La máscara guarda relación con todo este complejo. Recordemos que la máscara era entendida por los romanos como la persona: “ponerme la máscara para que se manifieste la persona real”. El uso de la máscara, fundamental tanto para el teatro como para el carnaval, establece una relación múltiple entre el teatro, lo sagrado, lo profano y el carnaval.
Hay que comprender dos momentos del carnaval; en Grecia y Roma, como primer momento, se desarrollan las modalidades de carrozas, comparsas, la estructura del carnaval se desarrolla casi por completo, lo que va cambiando son los aspectos exteriores. En ese sentido yo podría afirmar que el carnaval dominicano es grecorromano, sin negar el componente africano, claro está. La estructura de la inversión es clásicamente grecorromana, y aparece en otros rituales por igual, no solamente en el carnaval, pero el más invertido de todos los rituales es el del carnaval. La inversión aparece en el origen romano de la Nochebuena cristiana, cuando el amo le servía al esclavo, pero es en el carnaval cuando la inversión se presenta de manera más expresiva.
El segundo momento es el momento medieval. Los siglos XI y XII d.C. son siglos de gran oscurantismo, pero en el siglo XIII se da un reavivamiento de la cultura, se desarrollan las ciudades italianas, el arte cambia del románico al gótico; pero además hay cambios en el arte, por ejemplo en el arte religioso: Cristo aparece humano, mientras la Virgen sonríe. Ahí aparece el carnaval en su forma más prístina, se verifica un desarrollo del carnaval. Primeramente, el carnaval había sobrevivido como una fiesta profana, pero después de la desaparición del Imperio Romano, la Iglesia procura limitar el
campo de lo profano y hacer sagrado todo lo que se refiere a las festividades populares, y es cuando aparece la bula Intransitarus del papa Urbano 1V.
La Iglesia desea evangelizar al pueblo, en términos antropológicos transculturizarlo. La historia ritual de la Iglesia implica el dominio, pero también la adaptación de todos los mitos y ritos que encontró; la Iglesia no inventa nada, más bien modifica lo que encuentra de acuerdo a sus propios criterios, dejando afuera, con frecuencia, prácticas populares. El paso del cristianismo al catolicismo implica la adaptación y asimilación de la Iglesia a todas las culturas que encontró, sea en el Viejo Mundo como en el Nuevo. El primer Concilio (de Jerusalén) ya plantea la necesidad de eliminar la preeminencia judía de la ritualidad y el mito cristianos. Hay que aclarar, sin embargo, que aunque muchos entienden que el carnaval se reinstala o reaparece en Europa luego de la bula Intransitarus, del
año 1264, no es ahí donde el carnaval se origina, pues la bula, que se refiere a Corpus Christi, plantea que se permita el teatro popular entre las festividades, así como montar autos sacramentales y celebrar actividades festivas populares. Pero la Iglesia no manda al pueblo a vestirse de diablos, sino que, al parecer, la bula permitió integrar o coexistir con una práctica profana existente a las actividades de la Iglesia.
Por otro lado, en el medioevo hubo grandes crisis como la peste negra y hambrunas, tiempos apocalípticos, tiempos de incertidumbre y, obviamente, el carnaval aparece como una respuesta a todo este panorama, es decir, hubo un cambio; la propia Iglesia Católica cambia en este período. Quiero aclarar que en ningún momento debe entenderse que la Iglesia organiza el carnaval, sino que se aprovechó de la coyuntura. Los autos sacramentales se segmentaron; hubo piezas que tomaron cuerpo por sí mismas y, como pasó en Grecia, la tragedia se mezcló con lo cómico, con la farsa, es decir, en un determinado momento, la persona habló de otra manera o apareció con el tamaño que no era y, poco a poco, llegamos a la farsa propiamente dicha. Lo que quiero decir es que las escenas bíblicas se humanizaron. El paso de lo sagrado a lo profano consiste en que los ritos se humanizan; en vez de ser un dios allí sentado, es un hombre, las escenas sobre la pasión de Jesucristo pasan a ser las de las leyendas, no las bíblicas. Esa es la humanización, y llega un momento en que la fiesta se convierte en
una fiesta popular, y tiende a perder el vínculo directo con su origen sagrado. El personaje del diablo medieval que era vencido por Jesús o San Miguel, toma vida propia, y se convierte en exorcista del verdadero Diablo. Es por eso que el diablo cojuelo es una antípoda del Diablo. La clave está en que es un diablo humanizado, carnavalizado.
La polémica sobre los límites del carnaval, que hoy se ventila aquí en República Dominicana, es una polémica antigua, milenaria.
¿Por qué se celebra el carnaval en febrero?
Eso viene del origen grecorromano, pues son rituales de fertilidad que preceden a la primavera de marzo.
¿Cómo se celebraba el carnaval medieval? ¿Cuál es tu opinión sobre la separación del carnaval y
las fechas patrias?
La Iglesia, con su poder, le deja una impronta al carnaval, lo limita, lo hace llegar hasta el día previo al inicio de la Cuaresma, logrando dividir el tiempo sagrado del tiempo profano. Eso lo logra el poder
de la Iglesia, pues en sus orígenes griegos, el carnaval no sólo se celebraba en febrero; también otras fiestas se celebraban en marzo y en abril. Había algo así como un carnaval mayor y un carnaval menor, que tienen que ver con las fiestas de las Leneas. El argumento eclesiástico de que el carnaval sólo se celebra en un momento específico (previo a la cuaresma) es una verdad parcial. El problema es que se piensa que el carnaval tiene un origen exclusivamente medieval, olvidando otros orígenes y sobre todo que el carnaval es una estructura que se va modificando. Existen festividades carnavalescas que no se celebran antes del Miércoles de Cenizas, sino al margen de ese tiempo, ya sea porque se perdió el control eclesiástico o porque se decidió celebrarlo así. Nadie controla la dinámica de los pueblos cuando se desbordan.
En cuanto al nombre del carnaval, debo decirte, que carnaval proviene de italiano carnevale, del italiano antiguo carnelevare, que significaba quitar o botar la carne (contrario a fiesta de la carne) y se
refería originalmente al Miércoles de Ceniza, cuando no se come carne: aquí se registra la inversión.
La palabra carnestolendas significa lo mismo.
En cuanto se refiere a nuestro carnaval, sus orígenes son europeos, pues nos llegan con los europeos las comparsas y los diablos cojuelos. En África no existía el concepto cristiano medieval del Diablo.
Exú es algo diferente. Todo lo que tiene que ver con diablos y calaveras remite a la Muerte Danzante del medievo, un personaje que figura en la obra de Dante... y de la Muerte Danzante a la Muerte en Yipe que hay un solo paso.
Casi todo carnaval lleva una máscara, un cambio físico, pero no todo cambio físico implica carnaval.
Puedo decir, por ejemplo, que el Gagá no es carnaval, sino un rito mágico-religioso como lo estudió June Rosenberg (1979), pero hay fiestas y rituales que se carnavalizan. El Gagá se ha carnavalizado.
Se saca de contexto y se celebra como una fiesta parecida al carnaval. Se trata de una dinámica cultural.
Así, el Gagá pasa de lo sagrado a lo profano. Hay allí siempre un peligro de descontextualización; es importante hacer que el Gagá se conozca, pero hay que explicar el contexto, pues en un país como el
nuestro, una vez se descontextualiza un elemento de la cultura, la gente termina confundiéndolo. Si lo sacas de su contexto debe haber una explicación. Asimismo, los Momises y Guloyas no son carnavales, pero hoy en día se han carnavalizado por un proceso que aún no está investigado. Los toros y civiles de Montecristi y las cachúas de Cabral tampoco son carnaval. Se trata de otro tipo de ritual; el de las cachúas es un ritual funerario; el de los toros es de enfrentamiento entre hombre y naturaleza. No todo lo que tiene careta o máscara es carnaval.
Una cosa importante es no perder de vista el componente africano del carnaval dominicano, que le viene por el componente africano de la historia y cultura dominicana. Y la presencia de África no es como un trasplante, sino como un proceso de mezcla cultural. Figuras como los papeluses de Cotuí o los tiznaos son claramente de origen africano. Algunos aspectos aparecen tanto en África como en España. Pero, el colorido del carnaval dominicano, los movimientos lascivos, son muy africanos. Si bien la careta de La Vega de origen europeo, otras responden a características africanas.
No conozco ningún estudio sobre el origen y razones por las cuales se asocia en el país el carnaval y las fechas patrias del 27 de Febrero y 16 de Agosto. Este es un punto crucial, un requisito esencial para decidir adecuadamente sobre la separación o no de ambos eventos. Repito, es un punto oscuro que es necesario investigar. Fradique Lizardo habría comunicado personalmente a Alejandro Peguero (1999) la información de que el presidente Santana, pocos años después de la Independencia (hacia 1848) fue
quien dispuso que el carnaval y la conmemoración del 27 de Febrero se celebraran concomitantemente, en vista del fuerte apoyo popular del carnaval y la apatía de los dominicanos ante la fecha de la Independencia. Según Peguero, esta medida de fuerza tardó mucho tiempo en calar en la tradición popular y no fue sino hasta el gobierno de Lilís que se materializó dicha imposición. Debemos recordar que desde la colonia se realizaban fiestas carnavalescas para celebrar grandes acontecimientos políticos de la Metrópolis. Celebrar las fechas patrias con festividades populares carnavalescas parece, pues, ser parte de una antigua tradición colonial-republicana. Por lo que habría que ser mucho más cuidadoso al modificar esa tradición ya legitimada por el pueblo como buena y válida. Yo no veo nada malo a que salgan comparsas en los días patrios. He aquí el peligro de una modificación pura y simple: debemos saber previamente, por lo menos, lo que se va a modificar.
Hubo, tiempos atrás, un carnaval de la clase alta y un carnaval popular: eso es universal, en todas partes hay esa segregación. Ahora bien, el carnaval supone el disfrute, la alegría de todos, cada uno en su espacio y, en un momento determinado, todos juntos en carnaval. El nuestro no ha logrado eso; no ha logrado la integración de los sectores dominantes, populares, clase media y artistas. Aquí quienes hacen las máscaras de carnaval son los artesanos, no los artistas, no establezco la diferencia con ánimo peyorativo. Nuestros artistas se encuentran de espaldas al carnaval. Por otro lado, al carnaval dominicano le hace falta cierto orden. El carnaval no se ha asumido como una tarea nacional aunque, para terminar, el carnaval es una cosa muy seria para el pueblo.













REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS
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Del Castillo, José & García Arévalo, Manuel. Carnaval en Santo Domingo. Edt. Amigo del Hogar, Santo Domingo, 1987.
Cabral, Sergio. As escolas de samba de Rio de Janeiro. Editora Lumiar, Rio de Janeiro, 1996.
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Lizardo, Fradique. Bailes dominicanos, en INTEC: Folklore, volumen V, Editora Corripio, Santo Domingo, 1981, pp.131-140.
Peguero Guzmán, Luis Alejandro. “Carnaval ¿dentro o fuera de Cuaresma?: la manipulación en la información especializada”. Suplemento Cultural de El Caribe, 17 de abril de 1999, p.15.
Rosenberg, June. El gagá. Religión y sociedad de un culto dominicano. Un estudio comparativo. Editora de la UASD, Santo Domingo, 1979.
Tejeda Ortiz, Dagoberto. Cultura popular e identidad nacional. Tomo I, Editora MEDIABYTE, Consejo Presidencial de Cultura-Instituto Dominicano de Folklore, Santo Domingo, 1998.
1 Lic. José G. Guerrero. Profesor de Antropología, Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD) e Instituto Tecnológico de Santo Domingo (INTEC). Subdirector del Museo del Hombre Dominicano